lunes, 25 de agosto de 2014

pretemporada




Va terminando Agosto, y como domingo a domingo veo que los 'pros' se siguen avinagrando de lo lindo, y no hay manera de coger su ritmo ni después de horas de rodillo, he decidido hacer un stage de pretemporada.


El lugar elegido ha sido el Algarve portugués. Lejos del calor castellano, con playas paradisiacas y cientos de kilómetros para pedalear.


Pues al lio, los primeros 700 kilómetros son de enlace, en coche. Carretera y manta, como dicen, aderezado por unas cuantas pelis para que los pequeños monstruos no se suban demasiado por las paredes.

Primera prueba superada! Llegamos a nuestro humilde hotel -después de mirar el plano, no parece tan complicado no perderse. Será cuestión de patearlo un poco, y al segundo día, coser y cantar-

Pero la cosa no empieza del todo bien. La bici! Que cabeza la mía. Esta vez traigo la rueda, pero me he olvidado del resto… En fin, ya que estamos aquí, habrá que aprovechar el viaje, no?


Lo primero de todo, te ponen una pulsera verde, como si fuera un pase de invitado, digo yo. Este pequeño complemento me será de gran ayuda de ahora en adelante.

Después de deshacer la maleta, tomar posesión de la pequeña habitación con coquetas camas king size, y terraza con vistas al mar, decido recorrer el hotel para ver qué puedo hacer para recuperar la forma.

La tarea parece complicada. Salvo alguna clase de yoga o partidas de petanca, hay poca posibilidad de hacer kilómetros.

Pues ya está! A tomar por culo los kilómetros, a aprovecharnos de nuestra amiga la pulsera verde.


Ufff, esto es mortal. ¿Por qué solo hay 10 tipos de ensalada en el bufete de la comida? Existen tantos tipos, realmente, o es que he dado dos vueltas a la mesa?

Después de las ensaladas, carnes, pescados, arroz… y por último, otro doble giro a la mesa de los postres…. –Dios, voy a reventar-

Con la barriga llena, toca reposar al lado de la piscina. Vaya! Todas las hamacas ocupadas. Pues nada, me tumbo en el suelo que estoy que no me tengo en pie.

Afortunadamente, hay un tipo que te rebusca una hamaca libre entre la gente, y si no, te la saca de un cuartito (lleno de hamacas¿?)


No me gusta quemarme, así que buscando una sombra, me acerco a una barra muy frecuentada por gente en bañador, y…. la pulsera verde vuelve a hacer magia.  

Aquí lo de las variedades siempre va en dos cifras. Primero Caipirinha…mmm que fresquito, luego un daiquiri….ahora una sangría…después….ya he perdido la cuenta, pero hay algo bueno, entre combinado va combinado viene, algún paseo me estoy dando, y la comida va bajando.

Después de la fiesta alcohólica, ya llueve menos, esto no está nada mal, habrá que seguir entrenando.


La cena es otra bacanal para comilones. No sé si llegare al segundo día sin estallar.

Para terminar el día, unos cubatas refrescantes mientras los del fun team, a grito 'pelao', siguen animando al personal. Después de este duro día, a sobar.


Al día siguiente, ya le voy cogiendo el truco al bufet. Si das más paseos a por comida, te entra más!

Por un momento tengo una idea feliz. Un día comeré carne, otro pescado, otro pasta y así…, pero la idea se borra de mi mente con la misma velocidad que me levanto y cojo ahora carne, después pescado y luego pasta, pero en el mismo día. Para que escatimar.


También tengo controlados los horarios. A las 11 es el 'momento garbanzos'. En un extremo de la piscina se sitúa un cubano bailón, que pone patas arriba al personal femenino. Las señoritas, señoras, y señoronas se agolpan para contornearse al ritmo de la salsa, remojadas como si fueran legumbres. No cabe un alfiler. Que agobio, madre. Creo que mejor me acerco a por un coco-loco, que todavía no lo he probado.


Así van pasando los días, y estoy como los seminuevos, km 0, pero como estoy bien educado, no olvido mis tres comidas diarias…bueno, mejor dicho, cuatro, que he descubierto que también hay merienda, de las de dar vuelta a la mesa también, por supuesto.

Creo que me podría acostumbrar a esta vida de deportista de elite. Va terminando la semana y ya he probado todos los combinados, y recorro el bufete con los ojos cerrados.

Lo del cubano se lo sigo dejando a las sirenas germanas. Cada maestro a su oficio. Yo prefiero seguir a mi amiga la verde.


Y como todo lo que empieza, tiene su final, hay que volver a casa.

Ha sido una semana a cuerpo de rey, disfrutando de la dolce vita y sin hacer un puñetero kilómetro. Bueno, miento, alguna pedalada he dado en una barca en la playa, pero nada más.

Ahora a dar más presión a las ruedas del coche para que soporten el sobrepeso y vuelta a casa.

Y la semana que viene de nuevo a la ruta, a seguir a rueda de los pros, y seguro que también a rueda de más de un amateur, pero con una nueva amiga: la pulsera verde.


Hasta el domingo!


By Towers.

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