lunes, 21 de julio de 2014

El papel lo aguanta todo

Llegados los calores del verano, un año más me acerco a la comarca de Sanabria-Carballeda en Zamora, a respirar un poco de aire puro y a refrescarme del infierno del Julio capitalino, ahh, y como no, con la bici en el petate, no vaya a oxidarse.

Para este fin de semana, voy a hacer una circular corta, de exploración. Como es una zona un tanto remota, para que luego hablen de que si Teruel existe, no hay muchas referencias de rutas en foros y demás, así que normalmente echo mano de Google y a pintar líneas.

La ruta estaba prevista para el Sábado, pero cuando amaneció, el típico sonido de las gotas en los charcos y los canalones desalojando agua a todo trapo, me dejaron claro que no iba ser posible. En fin, un día de retraso, el domingo la previsión era más alentadora.

Y llegó el Domingo, y como había mono de MTB, a las 7:30 estaba me puse en pie.
-Uff, que fresco que hace-, me dije, mientras trasteaba con el desayuno, la camel, las zapatillas y el casco, intentando no despertar a la tropa.
A las 8 estoy vestido de romano en la puerta. -Joder!-, no es fresco, hace un frio de pelotas, 7 graditos y una humedad que se cala hasta los huesos. Cosas del Norte. Pero bueno, en marcha.

Salgo del pueblo y ya estoy en el camino que me va indicando la flechita del Garmin.
Hay bastantes charcos, pero no hay barro. Es terreno de piedra y no se forman barrizales.

La primera parte de la ruta es muy chula, discurre por los típicos caminos de esta zona, con las roderas laterales del paso de vehículos y la vegetación en el centro y a los lados.
Hace frio, hay bastantes nubes aún, y el paso entre robledales no hace que el poco sol que se deja ver me caliente el cuerpo. Tomo nota mental:  -no olvidar los manguitos aunque sea Agosto-, pero merece la pena la tranquilidad y el silencio que se respira. Solo se oyen los pájaros y el sonido de las gomas al rodar sobre el camino. Ni un alma, ni coches, ni gritos…

La primera parte es en ligera bajada, así que me dedico a observar el paisaje. A pocos metros cruza el camino un grupo de corzos. -¡Que gozada!- y que susto. Tiro de frenos como si se hubiera saltado un stop un conductor despistado, pero los bichos ya están lejos, saltando entre la maleza.
Después de la rápida bajada, llego al puente que cruza el Río Negro. Aguas frías y su lecho oscuro le dan su nombre. Ahora toca seguir la orilla izquierda durante varios kilómetros, según el mapa.
El camino se cierra, se hace vereda, cada vez hay más vegetación, hasta que llega un punto que tengo que bajarme de la bici y empezar a andar. Voy apartando matorrales, empujando la bici. Cada vez es más complicado seguir. Para mejorar la situación, el móvil se queda sin batería. Hay tan mala cobertura por estos lares, que el cacharro se vuelve loco buscando red. En fin, espero que no me

Aunque la flecha del Garmin dice que voy en la dirección correcta, lo que tengo delante no se parece a lo que se veía en el Maps, y es que como decía aquel, 'el papel lo aguanta todo'.
En algunos momentos se abre el paso, pero hay otros en los que tengo casi que gatear para pasar bajo los arbustos, o trepar para sortear las rocas que cortan el camino y me hacen dudar si estoy siguiendo el camino correcto. Tampoco hay mucho donde elegir; a la izquierda la ladera, a la derecha el agua, así que a seguir la flecha.
Después de 4 kilómetros de penurias, por fin veo un atisbo de civilización. Unos bancos de piedra y unas barbacoas me indican que he llegado al puente que vuelve a cruzar el rio.
Paro a reponer fuerzas y a sacudirme el agua de los arbustos que me ha empapado el maillot y me ha calado los pies como si hubiera ido caminando por dentro del rio.

Atravieso el pueblo y supero un duro repecho, para volver a adentrarme en un camino, pero parece que hoy no es mi día, y al kilometro tengo que deshacer lo andado, porque el paso se vuelve a cerrar, y no tengo ganas de hacer 10 kilómetros de 'empujing'.
Los caminos son tan poco transitados que los matorrales se los comen literalmente, y el campo a través tampoco es muy llevadero, así que vuelvo al pueblo y decido terminar la ruta por un par de tramos de carreteras comarcales.

Finalmente llego a casa, sano y salvo. Esta vez ha sido una salida 'curiosa', 3 horas para 25 kilómetros; una media de escándalo. Me he cruzado con 6 corzos, un par de halcones, el alcalde del pueblo en su paseo matinal, y kilómetros y kilómetros de soledad. Pero bueno, la aventura es la aventura, y por suerte no he tenido que acordarme de la batería del móvil. Por ultimo, vuelvo a tomar nota en mi mente: -el papel lo aguanta todo, pero el campo no es de papel-.

Hasta la próxima…

By Towers